GEORG FRIEDRICH HÄNDEL

JOSHUA 

~ Un singular alegato por la paz ~

GEORG FRIEDRICH HÄNDEL

JOSHUA

~ Un singular alegato por la paz ~

INTRODUCCIÓN

 Handel estrenó Joshua el 9 de marzo de 1748 en el Covent Garden londinense, después de haber dedicado una parte muy importante de su producción a los Oratorios basados en historias del Antiguo Testamento.

Solo una lectura ingenua de la obra de este genio podría entenderla únicamente como el relato de «las trompetas de Jericó». Un hombre de su estatura intelectual siempre sorprende con nuevas lecturas que superan los hechos narrados, para adentrarse en las significaciones y en los símbolos.

No dudamos al afirmar que los temas de Joshua son el valor de la paz, el de la tierra, el del amor aun en tiempos de guerra, y sobre todo, el valor de la música como poder evocador y convocante que la Biblia destaca insistentemente ya desde el Génesis.

Cuando la obra está a punto de concluir, la joven Achsah nombra en su última aria a Jubal y a Miriam. ¿Por qué la alusión a ambos en la voz de esta joven «pacifista»?

«El nombre de su hermano [descendiente de Abel] era Jubal, padre de cuantos tocan la cítara y la flauta. Por su parte […] Tubal, forjador de toda herramienta de cobre y hierro» (Gen 4, 21-22). No olvidamos que «júbilo» viene justamente del nombre de Jubal.

A su vez, una leyenda árabe atribuye a Jubal la primera canción por la muerte de Abel, y otra, la invención del tambor por parte de Tubal. También se atribuye a las hermanas de este último la creación de otros instrumentos, además del canto de la mujer árabe conocido como Qaina, que es un término persa. Asimismo, la Biblia alude a las mujeres cantantes, como Miriam, hermana de Aarón, que con sus compañeras responde con cánticos y danzas al himno triunfal que entona Moisés tras el paso por el Mar Rojo (Ex 15, 20-21).

Nada hay de casual en estas referencias que Handel utiliza para su música desde la pluma del reverendo Thomas Morell, a su vez importante teólogo.

Quien escucha el nombre de Joshua —Josué tiene en su imaginario las trompetas y lo que ellas evocan. Es fácil encontrar las fuentes bíblicas que nombran este instrumento. Al pie del monte Sinaí el pueblo de Israel escucharía por vez primera el sonido del Shofar, asociando el sonido del cuerno al trueno y a la voz de Dios: «Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos, y un poderoso resonar de trompeta […]. El sonar del cuerno se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y ‘Ělohim le respondía por una voz» (Ex 19, 16-19).

Trompeta (חצוצרה), shofar (שופר), cuerno (קרן)…, todas palabras que evocan la voz de Dios y a las que a su replicar solía unirse el clamoreo, la teru’ha: «[…] y el día séptimo daréis la vuelta a la ciudad siete veces y los sacerdotes tocarán las trompetas. Todo el pueblo lanzará gran alarido, y entonces se desplomará la muralla» (Jos 6, 4-5).

Sin embargo, no es la caída de las murallas lo que verdaderamente importa, sino el valor de la «voz divina» como arma.

Sin entrar en disquisiciones sobre lo verosímil o inverosímil, vale la pena mencionar este texto de J. R. Porter en su libro sobre la Biblia: «Cierta tradición posterior describe a los gabaonitas (y otros pueblos no judíos) como servidores del Templo, a los que Josué encomendó esta tarea. Dicha actitud, a la que hay que sumar otros indicios de las buenas relaciones existentes entre los recién llegados y algunos habitantes autóctonos, indica que la ocupación israelita de Canaán no siempre estuvo acompañada por la conquista y la matanza que caracteriza la narración bíblica» (2007: 70).

 

 

LOS PERSONAJES

Llegamos aquí a los personajes de nuestra historia: Joshua, heredero de Moisés y líder de los israelitas; Caleb, su mano derecha, hombre maduro y padre de la joven Achsah. Esta, cuya actitud cuestiona la guerra, estará enamorada de Othniel, un joven guerrero con quien se promete. También se presenta un Ángel, mensajero de Dios.

Handel aprovecha la historia de amor entre Achsah y Othniel (también personajes bíblicos al igual que Caleb) para generar una controversia entre los seguidores de la guerra y la paz. Por su parte, Caleb representa al hombre fiel a su pueblo, anhelante de una Tierra Prometida y definitiva donde descansar, deseo tan caro al pueblo judío como a cualquier otro pueblo de la tierra.

Joshua aparece finalmente como líder y guerrero, pero sobre todo como hombre justo, custodio del Arca de la Alianza y defensor por ello de la Ley Mosaica, a la vez que heredero del «Pastor del Sinaí».

 

 

LECTURA DE LA OBRA

¿Por qué Handel nos regala, a través de un relato bélico, un «alegato por la paz»?

¿Por qué Joshua es también una oda a la música, que recorre con sus instrumentos el amplio diapasón de los afectos humanos? (Inevitablemente nos evoca su propia Oda a Santa Cecilia, con tantos elementos en común). Varios son los indicios que nos llevan a estas afirmaciones…

El texto nos presenta en su inicio el paso por el río Jordán, y la alegría del Pueblo por su libertad. Pero en un contrapunto que recorrerá toda la obra, la joven Achsah no puede evitar recordar el dolor de la esclavitud y las lágrimas derramadas en Egipto. Aquí Handel utiliza por vez primera los instrumentos como solistas, en este caso violín y violoncello, en su búsqueda por encontrar el afecto de la melancolía.

En cuanto Joshua ordena comenzar el combate, se interrumpe la acción y aparece ahora el mundo del amor, representado en el ambiente pastoril de la flauta, —otra vez la presencia implícita de Jubal. El amor se verá interrumpido por el clangor de guerra. El estremecedor coro The nations tremble nos evoca el Shofar y la Teru’ha. Pero curiosamente Handel, al concluir la escena, se inclina más por el dolor y la tristeza de la destrucción que por la euforia de la victoria.

Ante la siguiente derrota en Ha’ay, el compositor deja en manos de las flautas, esta vez símbolos del duelo, el acompañamiento del coro en la lamentación de los israelitas. Aunque otra vez el amor de Othniel aparece, y en forma de danza: una gavotta con solos de oboe, que sin embargo no logra evitar una nueva batalla.

En esta ocasión, Joshua ordena al sol y la luna detener su movimiento, y la orquesta, en un alarde de técnica primoroso y sublime, nos hace oír tal prodigio. La música de Handel habla quieta.

Tras una nueva victoria, nuestro compositor acaba el segundo acto con una insistente tristeza que no puede ser sino un mensaje.

Caleb sueña con descansar después de tanto «éxodo». Su madurez y su manera de ver la vida se alejan del mundo militar, y ofrece la mano de su hija Achsah a Othniel, que es recibido por un coro de niños y niñas, con el órgano y las trompas esta vez como instrumentos solistas.

El amor triunfa. Joshua, el héroe, paradójicamente ha desaparecido de la escena hace mucho. Handel inequívocamente nos da a entender que este «nuevo mundo» pertenece al descanso del Caleb y a la juventud de Achsah y Othniel, como representantes de las generaciones futuras, que en el mejor de los casos… vivirán sin guerras.

Handel se enfrenta al texto de una manera muy diferente a otras obras suyas. En Joshua la guerra es heroica, pero también produce horror. Siempre está Achsah para recordarlo. El héroe no es el centro; lo es el pueblo en sus anhelos más sencillos, el descanso y la paz. Pero también la orquesta es central y el autor obedece al principio barroco: la música mueve los afectos. Tras hacernos oír los instrumentos, nombrados uno a uno en la Biblia, con el carácter simbólico de los mismos, resume así en nombre de Jubal y Miriam el ideal de paz y belleza, un ideal que los llamados «Pueblos del Libro» —musulmanes, judíos y cristianos— siguen buscando aún hoy. Handel los ayuda; habrá que tener oídos.

Para sellar estas ideas, el compositor nos deja uno de los coros de cierre más breves y menos épicos de entre todos sus oratorios. Se satisface Handel en la historia de los enamorados, pero en los últimos cinco compases hace oír las fanfarrias de trompetas, trompas y timbales para recordarnos que el Shofar sonará por siempre como la voz de ‘Ělohim, no en sus resonancias bélicas, sino como aquello que evoca lo frágil, lo precario, y también lo más hermoso de la condición humana. Halleluja.

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Oscar Gershensohn

 

 

 

 

* Fuentes consultadas:

HOGWOOD, Christopher (1988), Haendel. Traducc. Carlos J. Costas. Madrid: Alianza Editorial.

KING, Robert (1990), «Handel and ‘Joshua’», en Joshua. Comentario grabación CD. London: Hyperion Records.

PORTER, Joshua Roy (2007), La Biblia. Traducc. Margarita Cavándoli. Barcelona: Blume.

TRIVIÑO, Mª Victoria (1996), Música, danza y poesía en la Biblia. Valencia: Edicep.

VEGHAZI, Esteban [Rabino], «La Música y La Biblia», en El legado cultural de la Biblia. Santiago de Chile: Departamento de Relaciones Interconfesionales de la B’nai B’rith.

 

Joshua 2018 - Handel Oratorio Society

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© 2017 Handel Oratorio Society

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